Tejados de Roma al atardecer: tejas curvas en hileras, terrazas con plantas, antenas viejas, mansardas y, al fondo, la cúpula de San Pedro silueteada en gris contra un cielo que pasa del lila al dorado. La ciudad parece detenerse a respirar. La cúpula funciona aquí como punto y aparte de la frase larga que es el horizonte.