Tres calaveras de cerámica esmaltada en una vitrina: la del centro lleva mariposas monarca anidadas en la cabeza; las laterales, llamas pintadas y guirnaldas. Entre ellas, una alfombra densa de cempasúchil naranja y dos velones negros encendidos. Todo limpio, nada solemne. La muerte aquí no asusta: se peina, se viste de naranja y se sienta a esperar a los suyos como quien recibe en casa.