Una fachada roja con dos hastiales escalonados se asoma entre los troncos grises de dos árboles sin hojas; a la derecha, una casa blanca de molduras claras la acompaña en silencio. Al pie, un muro de ladrillo viejo cierra el jardín. El rojo es lo que más calor tiene en una mañana en la que aún no ha decidido si va a salir el sol.