Interior de iglesia gótica con bóveda pintada en azul profundo y vidrieras altas al fondo; del techo cuelga un marco blanco con un letrero de neón rojo en holandés. Debajo, una persona se balancea recostada en un columpio de cuerda y madera, con la cabeza echada hacia atrás. La instalación convierte el templo en un parque para adultos cansados de tener fe.