Interior nazarí con arco de herradura abierto sobre una sala más pequeña, yesería tupida cubriendo cada palmo del muro con caligrafía y arabescos. Alicatado geométrico verde, blanco y azul al zócalo, celosía de madera al fondo dejando entrar la luz en cuadrícula. La habitación entera escribe el mismo poema repetido en cien variaciones, por si Dios no escuchó la primera vez.