El palacio de Westminster visto desde el río al atardecer: una hilera larga de pináculos góticos color miel, ventanas ojivales y, a la derecha, la torre de Big Ben recibiendo todavía la última luz dorada cuando la fachada ya está en penumbra. El Támesis turbio en primer plano. El imperio sigue iluminado por hábito, no por necesidad.