Una gaviota grande blanca y gris ocupa el primer plano, plantada sobre una balaustrada baja, mirando hacia un lado con altura. Detrás, los arcos del Coliseo se apilan en pisos: arquitrabes, ventanas tapiadas y, en el siglo más bajo, una estatua diminuta vigilando. A los símbolos eternos los terminan gobernando los pájaros.