Un tranvía amarillo de otra época, Limmattal-Strassenbahn nº2, parado contra una fachada de persianas verdes y balcones de hierro. Pantógrafo en alto, faro como ojo somnoliento, los pasajeros asomados como si posaran sin saberlo. A la derecha, una tienda de souvenirs en rojo brillante les hace coro. El pasado vuelve a la calle a repartir parada y, durante un trayecto, todo el mundo finge que no ha pasado el tiempo.