Dicen que la escultura captura el momento exacto en que el alma abandona el cuerpo. El ángel psicopompo no viene a juzgar, sino a guiar con ternura al otro lado. La muerte como amante, no como enemiga.<br />
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La escultura del beso de la muerte: un esqueleto alado se inclina y besa en la frente al joven semidesnudo, arrodillado, que echa la cabeza atrás como quien recibe un alivio. La mano huesuda ya posa sobre la cadera; la otra ala, abierta, empuja al cielo. Detrás, las celdillas del cementerio repiten la misma gramática: nicho, fecha, nombre. La rendición no es derrota, es sólo cuestión de postura.