Una calle entera techada con cientos de paraguas multicolores colgados de cuerdas: arcoíris a granel sobre la cabeza, fachadas a derecha e izquierda con balcones de hierro y un restaurante al fondo. Los transeúntes apenas se ven, eclipsados por el dosel de tela. El resguardo convertido en instalación: la lluvia, si llega, va a tener que pedir cita.