La Torre de Belém al sol de invierno: piedra blanca de fortaleza manuelina, almenas, garitas en cada esquina y un trozo de bastión avanzado sobre el río. Una pasarela de madera la conecta con la orilla, llana y reciente. Antes vigilaba a quien salía; ahora vigila a quien se queda. La función cambia, la silueta no.